

El partido entre Real Sociedad y Eibar de esta temporada. Foto: EFE
Lillo ha construido un sistema defensivo eficaz ante la falta de recursos futbolísticos generado por las lesiones de jugadores clave. Poco o nada tiene que ver la Real de ahora con el de principios de campeonato. Entonces el discurso romántico del entrenador se reflejaba en el verde pero ante las circunstancias adversas acontecidas con el paso del tiempo perdió el sentido y el conjunto blanquiazul su identidad.
Le costó amoldarse al juego sin balón, ya que hasta entonces era el pilar básico de su personalidad. Sufría con y sin él y el equipo se sumergió en una fase negativa que Lillo supo cortar de raíz en Tarragona con un planteamiento resultadista. Sumar por encima de todo, esa es la cuestión. No hay que vencer convenciendo si no convencer venciendo y en ello están. Nueve puntos de los últimos quince disputados no son cifras escandalosas pero sí evidencian síntomas de ser un conjunto fiable.
Se encuentran a cinco puntos de los puestos de ascenso con dos tercios de campeonato por disputarse. La igualdad es máxima en esta categoría y a nada que se consigan dos victorias consecutivas todo puede cambiar. Que se lo pregunten a Salmerón, técnico del Alavés. El punto de Balaódos se valorará con el resultado del próximo sábado. Si la Real doblega al Alicante la lectura será bien diferente a si no lo hace.
La rocosidad que muestra no esconde las carencias que tiene en el último cuarto de campo, pero la creatividad, hilvanar jugadas de ataque, las ocasiones... llegarán con la recuperación de los capacitados para ello. Prieto ya está y a Sergio y Elustondo no les queda mucho. Lo importante era no descolgarse y esa batalla no lo han perdido. Todavía quedan muchas hasta que se acabe la guerra. Veremos.