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20 años sin el Muro de Berlín

El Muro que fue derribado

Redacción

10/11/2009

El 9 de noviembre de 1989 los berlineses derribaron el Muro que les dividió durante 28 años. Infografía sobre el Muro de Berlín.

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El 9 de noviembre de 1989 Berlín vivió su noche más feliz con decenas de miles de ciudadanos de uno y otro lado del Muro abrazados en los puestos fronterizos y bailando sobre él ante la emblemática Puerta de Brandeburgo.

Tras 28 años de división forzada, los berlineses derrumbaron el muro en un arrebato de libertad y terminaron a la vez con la Guerra Fría. Según la Fiscalía de Berlín, al menos 276 personas murieron y más de 3.000 fueron encarcelas en el intento de huir del comunismo.

Si bien los hechos ocurridos en los meses previos -con huidas en masa a través de Hungría y Checoslovaquia, y manifestaciones en Leipzig y Berlín- ya abrieron fisuras políticas en el muro, el momento en sí tomó por sorpresa a todos. De hecho, el canciller de la RFA, Helmut Kohl, estaba de visita oficial en Varsovia y no llegó a Berlín hasta 24 horas después.

El "equívoco" de Schabowski

Fue exactamente a las 18:53 (hora local) de la tarde del 9 de noviembre cuando el portavoz del Politburó, Günther Schabowski, anunció en una rueda de prensa que el Gobierno de la República Democrática Alemana (RDA) había decidido permitir a sus ciudadanos viajar al oeste, un derecho que hasta entonces sólo disfrutaban los jubilados y unos pocos privilegiados.

Las imágenes de esa conferencia de prensa se han repetido una y otra vez en todo el mundo, especialmente el momento en que un periodista italiano pidió a Schabowski que precisara el momento de entrada en vigor del nuevo régimen de viajes.

"A mi entender entra en vigor... con efecto inmediato... ahora mismo", titubeó Schabowski tras consultar los papeles.

Mucho se ha debatido sobre si la pregunta del italiano fue espontánea y sobre si Schabowski se equivocó, como ha venido asegurando el entonces secretario general del Partido Socialista Unificado (SED) Egon Krenz, quien sostiene que la orden era para el día siguiente, lo que les hubiera permitido afrontar la situación mejor preparados.

Una revolución pacífica

Afortunadamente, los hechos posteriores transcurrieron de forma pacífica, pese a que tomaron a los soldados fronterizos totalmente por sorpresa.

Los primeros en dar a conocer la noticia fueron los medios occidentales: La agencia alemana "Dpa" transcurridos diez minutos y las cadenas públicas de televisión en sus informativos posteriores.

La información fue como un reclamo para miles de berlineses del Este que se enteraron directa o indirectamente de la bomba informativa y empezaron a formar colas delante de distintos puestos fronterizos para confirmar con sus propios ojos algo difícil de creer hasta entonces.

Mientras que en el oeste del país es difícil encontrar a alguien que no se enterara pronto de lo sucedido -miles de ciudadanos occidentales salieron al encuentro de sus vecinos orientales- en el Este mucha gente no supo nada hasta que horas después la televisión germano-oriental empezó a hablar de las colas en las fronteras.

Lo que en el mundo mediatizado de hoy parecería casi un imposible, era distinto en 1989, cuando el teléfono móvil no existía y en la RDA ni siquiera había teléfono fijo en todas las casas, además de estar prohibida la televisión occidental.

Esa falta de información fue quizás la que acabó evitando que el "equívoco" de Schabowski derivara en una catástrofe, pues si bien fueron miles los ciudadanos que se acercaron hasta el muro, no hubo un cataclismo en los puestos fronterizos, pese a que no faltaron los forcejeos y los momentos de tensión con los guardias.

La fiesta se repitió los días posteriores, en los que no sólo los germano-orientales conocieron lo que muchos habían soñado como su Eldorado, sino que también muchos occidentales lo hicieron a la inversa.

Lejos de la temida huida en masa -la RDA tan sólo dejó de existir un año después- mucha gente, del este y del oeste, simplemente hizo lo que había soñado durante tanto tiempo, visitar calles vecinas divididas artificialmente durante 28 años.

Veinte años después, muchos jóvenes que viven en el territorio de la extinta RDA no saben ya quien era el jefe de Estado Erich Honecker o quien construyó el muro. Los germano-orientales saben ahora que Eldorado no existe, pero las encuestan indican que sólo un 10 % quisiera recuperar su país perdido.

Intentos de fugas ingeniosas

A día de hoy no existen cifras precisas sobre el número de personas que fallecieron en la capital: según las fuentes, varían desde las 86 víctimas hasta las 313 que maneja la organización humanitaria "13 de Agosto". La Fiscalía cifra 276.

Los intentos de huida fueron cuanto menos variopintos, como el que protagonizaron el 5 de diciembre de 1961 seis hombres, diez mujeres y siete niños, que atravesaron la estación de tren berlinesa de Albrechtshof y escaparon hacia el distrito noroccidental de Spandau con una locomotora.

A la lista de fugas ingeniosas hay que añadir el momento en el que 14 "ossis" -habitantes de la parte oriental- cruzaron un río en medio de una lluvia de balas a bordo de un barco de pasajeros, o cuando un grupo de 57 personas se arrastró por un túnel de aproximadamente 150 metros de largo bajo el muro de Berlín.

Incluso hubo quienes trataron de desafiar a las leyes de la naturaleza, como la familia que trepó por el tejado de un edificio ministerial de la RDA, contiguo al Muro, para escapar desde allí con un teleférico de construcción casera.

EE. UU., 20 años como único guardián planetario

La caída del muro de Berlín tuvo otra consecuencia: EE. UU., hasta entonces líder del bloque occidental, se coronó como la mayor potencia del planeta y se autoimpuso la misión de vigilar la democracia, la estabilidad y la libertad en el mundo.

Con este "poder incomparable", y sin nadie que le hiciera sombra, EE. UU. se vio capaz de "asegurarse una victoria militar en cualquier parte, y de garantizar la exportación de la democracia incluso en los ambientes más hostiles, todo para servir a sus intereses", afirma el profesor Thomas H. Henriksen, en su libro El poder de EEUU tras el Muro de Berlín.

"Tras el desmembramiento de la Unión Soviética, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia. Muchas naciones acabaron llamando a sus puertas para resolver sus problemas", ha explicado a EFE este profesor del Centro Hoover de la Universidad de Standord, en California.

"En algunos casos, eran los países los que pedían ayuda. En otros, era EE. UU. el que intervenía para expandir la democracia, porque un país democrático es más estable, y no amenaza la estabilidad en el mundo".

Desde su pedestal de gran potencia, EE. UU. se permitió aplaudir con complacencia cómo los antiguos países del este rompían con el comunismo e iniciaban su andadura democrática al tiempo que miraba hacia otro lado cuando China reprimía con dureza las manifestaciones prodemocráticas de Tiananmen en 1989.

Pero su papel predominante en el mundo sin un enemigo global al que combatir, acabó pronto, en septiembre de 2001, cuando tuvo que iniciar una guerra que aún perdura contra un nuevo enemigo desafiante: El terrorismo.

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