

El Índice de Precios al Consumo (IPC), indicador utilizado para medir la inflación, se encuentra en su momento más bajo desde 1961, año en el que se inició la serie histórica.
En los últimos meses incluso ha registrado una bajada de precios, pero los consumidores no llegan más desahogados a fin de mes y consideran que el índice está alejado de la realidad.
No es para menos. Según un estudio de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), desde la entrada del euro los precios se han encarecido un 60% solo hasta 2007. Sin embargo, el IPC acumulado hasta esa fecha tan solo era del 17%.
En la práctica, la moneda de 1 euro ha sustituido a la de 100 pesetas, pero la inflación no ha crecido en la misma medida. La vida es más cara de lo que oficialmente se reconoce.
Defectos del IPC
La inflación se calcula analizando 220.000 precios de 491 artículos. Pero esos bienes o servicios no se limitan solo a los más básicos.
De hecho, aunque el INE explica que "los artículos seleccionados [...] deben ser los más consumidos por la mayoría de la población", en la cesta de la compra del IPC también se tienen en cuenta productos poco representativos como el caviar, las angulas, el personal del hogar (cocineros, jardineros, chóferes...), servicio de detectives privados y las operaciones de cirugía estética, entre otros.
Son productos o servicios que, aunque su influencia en el porcentaje final es mínima, no representan la cesta de la compra de la mayoría de ciudadanos.
No tiene en cuenta la hipoteca
Pero el principal 'agujero' del IPC es que no tiene en cuenta la hipoteca, a pesar de ser el principal gasto de los ciudadanos (el 61% del salario durante 25 años en el caso de la CAV, según el doctor en ciencias Económicas Julio Rodríguez), por ser considerado un bien de inversión, en vez de uno de primera necesidad.
Y hay que tener en cuenta que el titular de una hipoteca paga más por su vivienda de lo que realmente vale, por lo que su compra supone pagar siempre un sobreprecio.
Además, ahora que el euríbor y el precio de la vivienda están a la baja, sucede la paradoja de que los propietarios, aunque pagan menos en sus cuotas mensuales, son también menos ricos.
Según CEACCU, desde la llegada del euro la vivienda se encareció un 156% hasta 2007. Sin embargo, es un crecimiento no reflejado en la inflación.
La ausencia de la hipoteca en el cómputo del IPC provoca que el porcentaje oficial de la inflación sea siempre más bajo de lo que los ciudadanos perciben directamente en sus bolsillos.
Lo que sí se tiene en cuenta en el IPC, en cambio, son las rebajas, por lo que durante esos meses de descuentos la inflación suele situarse en niveles más bajos, a pesar de que se trata de una situación temporal que solo afecta a ciertos productos.
Refleja los hábitos de consumo anteriores a la crisis
Otro problema en el IPC es que los hábitos de consumo que refleja están desfasados.
Para calcular el porcentaje final, el Instituto Nacional de Estadística (INE) no calcula una media de los 220.000 precios analizados, sino que pondera los bienes y servicios por grupos y subgrupos.
Es decir, en el IPC 'pesa' más el precio del pan que el de un ramo de flores.
En estas ponderaciones el grupo con más peso es el de 'alimentos y bebidas no alcohólicas', que supone un 18,07% del porcentaje total. Le siguen el 'transporte' (15,29%); 'hoteles, cafés y restaurantes' (12,33%); 'vivienda' (alquileres, gastos de conservación y otras facturas) con un 10,74%; 'otros' (9,04%); 'vestido y calzado' (8,81%); 'ocio y cultura' (7,81%); 'menaje' (7,20%), 'comunicaciones' (3,72%), 'medicina' (3,13%); 'bebidas alcohólicas y tabaco' (2,54%) y 'enseñanza' (1,32%).
Según explica el INE, estas ponderaciones se actualizan anualmente tomando como base principalmente los hábitos de consumo que recoge la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), publicada por última vez en 2007, pero con datos de 2004 y 2005, cuando la economía era boyante y las perspectivas eran de crecimiento.
Ahora, en plena crisis y con el paro por las nubes, los hábitos de consumo han cambiado y los gastos se reducen prácticamente a los más elementales, pero este cambio no ha sido tenido en cuenta por el IPC.
De hecho, desde el año 2007, último año de bonanza económica, algunos grupos básicos han perdido peso y otros más prescindibles han ganado, cuando la lógica indica lo contrario.
Como muestra un botón. Según el estudio Consumer Confidence and Opinion de Nielsen de finales de 2008, una vez hechos los gastos imprescindibles, tan solo el 27% de los consumidores gasta su dinero sobrante a ocio y entretenimiento, esto es, 12 puntos menos que a finales de 2007, cuando el porcentaje era del 39%.
Aún así, el peso del ocio en el IPC ha pasado de ser del 7,1% en 2007 al 7,49% en 2008 y al 7,8% en 2009. O lo que es lo mismo, el ocio pesa siete décimas más en época de crisis que en época de prosperidad económica.
El 23% de los consumidores dedica su dinero sobrante a comprar ropa, mientras que el año anterior lo hacían el 39%, pero la aportación del grupo de 'vestido y calzado' ha crecido, en concreto del 8,8% de 2008 al 8,81% actual.
Otro grupo cuya ponderación está desfasada es el del transporte. Según datos de abril del propio INE, el número de viajeros que utilizan el transporte urbano ha descendido un 11,5% en comparación con datos del año pasado, mientras que el del transporte interurbano ha bajado un 7%, pero el peso del grupo en el IPC ha crecido diez décimas, del 15,19% de 2008 al 15,29% de 2009.
También pesa más ahora que en 2007, cuando el porcentaje era del 14,88%, a pesar de que entonces los ciudadanos utilizaban más el transporte.
Por su parte, el subgrupo de 'alimentos', que representa uno de los gastos imprescindibles del consumidor, ha bajado del 20,8% de 2007 al 19,14% de 2008 y al 17,06% de 2009.
En definitiva, las ponderaciones del IPC reflejan los hábitos de consumo de los ciudadanos antes de que la crisis estallara.
¿Para qué sirve el IPC?
El IPC es uno de los indicadores más importantes en el ámbito económico y social y tiene diferentes aplicaciones.
Entre otras cosas, se utiliza como medida de la inflación, para revisar los contratos de arrendamiento de inmuebles, como referencia en la negociación salarial, en la fijación de las pensiones, en la actualización de las primas de seguros y otros tipos de contrato y como deflactor en la Contabilidad Nacional.
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Lecturas adicionales:
- MyCPI.info, web en inglés que permite calcular tu propio IPC.