
Ampliar imagenJesús Torquemada, analista internacional. Foto: EITB
La situación de Afganistán se ha complicado aún más tras la decisión de la ONU de llevarse a la mitad de los empleados que tiene en ese país.
La decisión era casi inevitable tras el ataque de hace diez días contra un hotel en el que se alojaban varios de esos empleados. La falta de seguridad que existe en muchas provincias de Afganistán ha llegado ya a Kabul; ni siquiera en la capital los cooperantes extranjeros están seguros.
En su estrategia para derribar al Gobierno afgano, los talibanes han decidido atacar también a la ONU, porque creen que la ayuda internacional contribuye a la consolidación del Gobierno afgano. Y, efectivamente, así es.
Para que la misión internacional en Afganistán tenga éxito, no basta con desplegar allí a soldados. Eso puede ser necesario para contener el avance militar de los talibanes; pero para evitar que la población simpatice con los talibanes, la gente tiene que ver también resultados, tiene que ver que la ayuda internacional sirve realmente para reconstruir el país.
En esa línea quiere ir el presidente estadounidense, Barack Obama: reforzar el despliegue de soldados si hace falta, pero, sobre todo, aumentar la ayuda civil. Por eso lo sucedido es otro golpe a los planes de Obama, que necesita que la ONU siga en Afganistán.
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