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09 de enero de 2009

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Documentación

Otros fraudes arqueológicos: De Iruña-Veleia a la Cueva de Zubialde

avatar Publicada: 20/11/2008 | comentarios: 0
Hace 17 años tuvo lugar en Álava un fraude parecido al de Iruña-Veleia. Unas falsas pinturas rupestres halladas en la Cueva de Zubialde fueron dadas por buenas, e incluso se habló de la "capilla sixtina del arte rupestre".

La determinación de la falsedad de los últimos hallazgos encontrados en el yacimiento de Iruña-Veleia (Álava) repite, en parte, una historia que ya se vivió en este Territorio hace 17 años, con unas pinturas rupestres a las que, en un principio, también se les dio una enorme importancia.

A principios de 1991, Serafín Ruiz, un estudiante de Historia, comunicó a la Diputación Foral de Álava que en abril del año anterior había descubierto una cueva en las estribaciones del monte Gorbea en la que había importantes pinturas rupestres.

Las pinturas de la cueva de Zubialde, a la que se llegó a denominar desde la Diputación alavesa como la "capilla sixtina del arte rupestre", se suponían pertenecientes al período Magdaleniense (alrededor de trece mil años de antigüedad), pero cuando realmente fueron realizadas fue poco antes del supuesto descubrimiento por un falsificador.

Tres profesores vascos de arte prehistórico, Jesús Altuna, Juan María Apellániz e Ignacio Barandiarán, presentaron en agosto de 1992 un informe sobre la cueva, calificado por los expertos como el estudio "más importante que se ha realizado en el mundo sobre unas pinturas", en el que participaron los laboratorios del museo del Louvre y miembros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El presidente de la Asociación internacional de arte rupestre, Jean Clothes, disculpó que en un primer momento se dieran las pinturas como antiguas porque era "la mejor falsificación de la historia" que había visto.

Los análisis demostraron que la mayoría de las pinturas, 102 en total, fueron realizadas en los meses anteriores al descubrimiento, y el resto presentaban tal cantidad de paralelismos con las anteriores que parecían realizadas también en época muy moderna.

Los profesores consideraron que el falsificador poseía un gran conocimiento del arte prehistórico y además utilizó los mismos materiales que los hombres de aquella época, es decir, pigmentos naturales ocres y manganesos, mezclados con agua.

Los expertos expusieron varias pruebas "corrientes" de la falsificación "aparte de los análisis de laboratorio". Así, se detectaron incrustados en las pinturas restos como patas de araña o de insectos, que no se pueden conservar miles de años.

También se comprobó que el artista había pintado a las cabras montesas con cola larga, algo que no hubiera hecho jamás un hombre prehistórico, que las veía todo el día, o pintó las defensas del mamut por delante de la trompa, cuando salían por detrás.

Uno de los datos que más se destacó una vez conocida la farsa de las pinturas fue que se habían encontrado restos de estropajo de cocina en las pinturas, a las que el falsificador había frotado para dar sensación de gastadas.

Los autores del informe definitivo no quisieron acusar al descubridor de las cuevas de haber sido el falsificador, pero el Tribunal Supremo le ordenó en octubre de 2000 devolver a la Diputación de Álava los doce millones y medio de pesetas que le había entregado por su "descubrimiento".


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