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22 de noviembre de 2008 | 13:55:59

Cocidito madrileño

libros Cocidito Madrileño 2

Cocidito Madrileño 2

Junto con esta misma página web renovada, nace Cocidito Madrileño 2, segunda y -ojalá- última entrega de nuestro potaje en versión literaria. En esta ocasión, hemos optado por una estructura diferente a la que seguimos en el trabajo anterior, pues además de la antología alfabética y los apéndices temáticos, hemos elaborado un repaso cronológico que sirve para poner en su contexto las barbaridades que transcribimos. Es curioso que, aunque estamos hablando de hechos que ocurrieron prácticamente antes de ayer, guardamos un recuerdo bastante impreciso de buena parte de ellos e, incluso, hay otros que se nos han borrado definitivamente de la memoria.

Como no podía ser de otro modo, la parte escrita tiene su correlato en un CD que contiene doce sabrosos montajes temáticos que, según nuestra costumbre, pretenden ser al mismo tiempo ilustrativos y divertidos. Cada oyente deberá decidir si hay más de lo primero o de lo segundo.

Reproducimos a continuación el texto que pretende servir de suave introducción a las casi trescientas páginas de Cocidito Madrileño 2:

A modo de introducción

Siempre supimos que habría segunda parte
Si nos hubiéramos guiado por algún tipo de visión comercial, esta entrega del potaje de ondas habría aparecido hace mucho tiempo, y ahora estaríamos presentando la cuarta o la quinta vuelta de tuerca a la ponzoña herziana. Desgraciadamente, la falta de material no hubiera sido problema, porque el suministro tóxico se ha mantenido constante -diríamos, incluso, que creciente- desde la edición del libro anterior. Sin embargo, preferimos no forzar la máquina y, a pesar de la demanda de nuestra fiel parroquia, optamos por reservar el bis para cuando entendiéramos que estaba verdaderamente listo para ponerlo ante los ojos y los oídos de quienes lo reclamaban. Y aquí está.

Incorregibles practicantes de la duda metódica, nos preguntamos ahora si no debimos haberlo sacado antes del horno, ante la posibilidad de que el tiempo haya dañado algunos de los sabores originales. Tampoco es descartable que, pese a que hemos destilado y redestilado a conciencia la materia prima, la larga espera se vea traducida en un plato de difícil digestión por una simple cuestión de tamaño. Sólo las lectores y los lectores que se aventuren en las páginas que vienen a continuación podrán aclararnos estos puntos que nos provocan incertidumbre después de haber realizado un trabajo que ha resultado -eso sí podemos jurarlo- tan arduo como para no desear repetir y tan enriquecedor como para estar orgullosos de haberlo hecho.

Un consejo: dosifíquense. Hagan durar este libro y, si se ven capaces, también el CD que lo acompaña. Tengan en cuenta que son cuatro años y medio de la peor bilis del dial. Piensen que sólo en el repaso cronológico con que abrimos el volumen, les vamos a hablar de una docena de elecciones, un cambio de gobierno, la ilegalización de un partido y la prohibición de casi todos los que pretendieron ocupar su espacio, las diferentes propuestas para cambiar el marco jurídico de Euskadi y Catalunya, el peor atentado de la historia reciente en Europa, un proceso de paz fallido o el cierre de un periódico, entre otras cuestiones. Si no ha sido fácil asimilar en tiempo real la verborrea vitriólica que todo eso ha originado, se nos antoja que aún será más penoso tratar de hacerlo en esta versión jibarizada.

¡Ah! Y no derrochen su capacidad de asombro en esas primeras páginas, porque aún les aguardará una antología alfabética y cinco apéndices monográficos sobre algunas de las cuestiones que más han elevado la libido tertuliar en estos años. Lean de la manera ortodoxa, pero háganlo, además, entre líneas, porque ahí también encontrarán nutrientes: sin ir más lejos, cómo algunas de las emisoras que nos daban copioso abasto han dejado de hacerlo o cómo otra ha surgido casi de la nada para erigirse en subcampeona del acollejamiento.

Si no hemos sido demasiado optimistas en nuestros cálculos, para cuando lleguen al final, habrán enarcado las cejas docenas de veces, se habrán indignado justamente en otro puñado de ocasiones y se habrán sorprendido a sí mismos riéndose a mandíbula batiente en no pocas oportunidades. Esto último será la señal de que ha merecido la pena el descenso a los infiernos que nos ha supuesto elaborar esta colección necesariamente incompleta de barbaridades vendidas al peso. Aunque parezca paradójico, les emplazamos a disfrutar de todos estos detritus arrojados desde las ondas de choque como si fuera la última vez que se permiten hacerlo. Si desde que entregamos el original del libro anterior sabíamos que habría segunda parte, al finiquitar este manuscrito, algo nos dice que no habrá tercera. Sería muy mala señal que la hubiera.
Más que palabras