Comenzamos la ruta en Sara donde, la campana de San Martín de Sara suena a bronce nuevo. Cargada de símbolos acaba de ser fundida después de que una mañana de febrero del 2003 un incendio destruyera el campanario durante las fiestas. Su tañido se escucha con claridad en toda la comarca de Xareta.
Junto a la iglesia sobre una colina, se agrupan todas las instituciones de Sara. El ayuntamiento, el frontón, las tabernas y los albergues para los viajeros formando una sola calle que nos invita a seguir hacia el sur.
En nuestro camino hacia las cuevas de Sara atravesamos el bucólico barrio de Lehenbizkai y el guerrero reducto de Santa Bárbara.
La calle se estrecha de pronto y en unos pocos pasos estamos recorriendo las piedras de la vieja calzada que conduce a los primeros collados del Pirineo. Es un salto en el tiempo.
Avanzamos hacia los campos abiertos y los barrios de caseríos que apenas han cambiado en los últimos siglos.
Tras cruzar la vaguada del arroyo Uharka y encontramos los centenarios caseríos de Arizpea, Iturbidea o Berroeta. Nos estremece pensar que hace siglos, todas estas familias fueron investigadas como sospechosas de brujería.
Un nuevo cruce de caminos y una nueva capilla abierta para una oración rápida antes de comenzar el ascenso solitario de la calzada empedrada que conduce a Lehenbizkai.
Lehenbizkai es una loma estrecha y soleada. Un lugar pacífico en el que los caseríos miran a la frontera de Navarra y a los primeros picos del Pirineo, Larrun y Atxuria. Lehenbizkai ha sido un refugio secreto de gentes que han amado profundamente el país de los vascos.
Al alejarnos de Sara nos adentramos en el territorio de las bordas ganaderas al pie de la montaña. Éste es un terreno que ha estado muchas veces en primera línea de fuego durante las guerras del pasado.
El reducto de Santa Bárbara con sus fosos y sus reductos en forma de estrella recuerda que en esta comarca la cercanía de la línea fronteriza ha afectado mucho a sus gentes.
Larrun, la montaña de los grandes Akelarres, nos vigila desde la frontera. Mientras, seguimos hacia el sur por estrechos caminos. Pasando entre caseríos cada vez más solitarios y apartados. Y de pronto el camino comienza a descender lentamente, nos estamos acercando a la base del monte Atxuria. Entre los árboles, cada vez más espesos, bajamos al corazón subterráneo de Xareta.
A pie del monte Atxuria se abre la misteriosa boca de Lecea, las cuevas de Sara.
Desde las cuevas de Sara bordeamos el monte Atxuria hasta alcanzar otras cuevas, las de Zugarramurdi, deteniéndonos antes en un mojón fronterizo muy peculiar.
Atxuria es la cima que domina la comarca. Muchos la llaman Peña Plata porque en las rocas de la vertiente occidental de su cresta brillan intensamente después de la lluvia, como si fueran un filón de metal precioso o el mismísimo tesoro de las lamias de la cueva.
El sendero desciende rodeando el pico de Atxuria y un poco más adelante nos encontramos el collado de Ibañeta, un cruce de caminos milenario.
En su centro una tumba de piedra profanada nos indica que éste ha sido un lugar sagrado durante más de 4000 años.
Este camino nos va a llevar directamente hasta Zugarramurdi.
Ocultos por las ramas del bosque, casi no nos damos cuenta, de que a nuestro lado, los hilos de agua que se deslizan por la ladera, se van juntando hasta formar un arroyo oscuro que también baja con nosotros. Es Infernuko Erreka, el arroyo del Infierno.
Muy pronto, sin abandonar todavía la protección de los grandes árboles podemos espiar desde lejos las casas de Zugarramurdi. Pero antes de entrar al pueblo, saludemos a Satanás porque el arroyo del Infierno nos conduce hasta la mismísima catedral del Diablo. Infernuko Erreka es un nombre bastante habitual en el País Vasco para denominar a los ríos que discurren bajo tierra algún tramo. Pero en las cuevas de Zugarramurdi, tiene unas resonancias demoniacas que no permiten que lo tomemos a broma.
En Zugarramurdi encontramos la casa más castigada por el proceso de la Inquisición, aquí vivía la supuesta reina del Akelarre, Graciana de Barrenetxea.
Camino de Urdax, está al pie del monte Azkar, vamos a visitar el caserío Leorlas, que pertenece a un personaje que fue testigo mudo de aquella caza de brujas, el escritor Axular.
En el calor de los grandes juicios contra la brujería en la comarca de Xareta, alcanzó su plena madurez un sacerdote nacido en éste caserío de Urdax, D. Pedro Agirre Azpilicueta, más conocido por el nombre de su casa, Pedro de Axular, el maestro y modelo de las letras vascas, el autor de Gero, una obra en la que nos estimula a no detenernos, a no dejar para mañana las obligaciones del camino. "Quien dice luego, dice déjalo".
Proseguimos nuestra ruta hasta el lugar en el que Axular aprendió sus primeras letras, el monasterio de San Salvador de Urdax.
Tan sólo a 3 kilómetros al norte de Urdax se encuentra Dantxarinea, el paso fronterizo oficial entre Francia y España. Pero enseguida descubrimos que hay otros lugares menos oficiales para cruzar la frontera.
Pero no todos cruzan la frontera por aquí. Zori-Venta ha sido uno de los lugares más discretos para cruzar la línea de puntos de los dos estados. Los clientes nocturnos de esta venta entraban desde España por una puerta, rodeaban el mostrador y salían ya en Francia por la puerta principal para luego perderse en el robledal de Senpere.
Como los viejos contrabandistas vamos a atravesar el robledal de Senpere hasta llegar a Ainhoa, y de ahí al monte Calvario que la vigila. Es fácil imaginarse jugando al escondite entre estos viejos robles,...y así lo han hecho durante muchas noches sin luna, y con mucho más riesgo que nosotros, los miembros de las partidas locales dedicadas al contrabando, ocultándose al llegar al puente del Diablo como también hacían los guerrilleros carlistas que precisamente por este punto de la frontera, iniciaron todas sus guerras. O también los refugiados, que escogían esta vía para huir de la Francia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial.
Todo este trajín nocturno, contó siempre con la complicidad de un personaje fundamental, el molinero de Urrutieneko Errota, el único habitante de éste bosque solitario. A un paso de aquí, Ainhoa.
Por esta ruta secreta hemos llegado por fin a Ainhoa, remontamos su única calle, contemplando sus casas perfectas, reconstruidas casi al mismo tiempo, después de que en 1636, los baztaneses quemaran por completo la villa. Dicen que de aquel fuego sólo se salvó la iglesia.
Ainhoa es la aldea vasca perfecta. Con sus casas pintadas, su iglesia en lo alto, y el frontón encajado al pie de la colina, formando una gran plaza abierta entre los árboles.
Y Ainhoa también es el lugar perfecto para reposar y coger fuerzas para un último esfuerzo, subir al alto de Atxulegi, donde se encuentra la capilla de la Virgen de Arantza. esde aquí las vistas son extraordinarias, el horizonte abarca desde Las Landas hasta los Pirineos. Desde Bayona hasta las cumbres del Baztan.
A nuestros pies se extienden las dulces colinas de Xareta, el país de los brujos y las leyendas sin tiempo. De Sara a Ainhoa pasando por cuevas, tumbas milenarias y pueblos castigados por la Inquisición, hemos recorrido unos 30 kilómetros en nuestra ruta por esta comarca que no entiende de fronteras.