Entre los barrancos de Bellostegi y Aitzabal, el pastor Rodrigo del caserío de Baltzategi, encontró sobre un espino blanco la talla de una pequeña virgen. Ocurrió en 1469 y allí mismo se levantó una ermita. Después, hace ya 500 años, los franciscanos fundaron un convento y santuario que muy pronto se convirtió en centro simbólico de peregrinación. Primero para los valles vecinos y después para toda Euskal Herria.
Ermita de Santa Eulalia; Es una de las poquísimas iglesias románicas de Gipuzkoa y también una de las más antiguas. Sus preciosas ventanas lo demuestran. En el interior del pórtico se conserva desde hace siglos el arcón diezmero donde se guardaba la parte de la cosecha que los feligreses destinaban para mantener a la iglesia o para la misericordia de los necesitados. En el interior de la Iglesia de Santa Eulalia todo parece estar equilibrado y no sospechamos que la bóveda que cuelga sobre nuestras cabezas y que parece de piedra es en realidad una antiquísima estructura de madera de roble, bien disimulada por la pintura.
Iglesia de San Cristóbal de Larrino; Esta iglesia es el escenario de una curiosa leyenda. La tradición dice que esta era la parroquia del famoso Mateo Txistu, el cura silbador Martín Abade. El cura era un apasionado de la caza y acostumbraba a practicar con sus perros por los alrededores de la iglesia. Cuentan que, en una ocasión, sus perros empezaron a ladrar estrepitosamente mientras oficiaba misa y, dejando plantados a sus fieles, salió corriendo armado con su escopeta tras una liebre descomunal, que no era otra cosa que el mismísimo diablo. El cura nunca más volvió y desde entonces dicen que Mateo Txistu aún anda silbando a sus perros por estos caminos.
A aldeas como Aozaratza, algún turista que contempló su silueta en el embalse, la llamó la Suiza vasca.
El collado de Urruxola Gaina separaba las tierras del valle real de Leniz y las del condado de Oñate. Y a estas praderas subieron en el siglo XV los guerreros de Leniz y los de Oñate para resolver disputas de lindes y pastos. Sin mediar siquiera una conversación se enzarzaron en una cruenta batalla, sembrando estas praderas de sangre y muertos. Ganaron los de Oñate y, aunque su caudillo Pedro de Garibai, volvía moribundo, tan feliz estaba por la victoria que aún tuvo fuerzas para entonar la que pasa por ser una de las más antiguas canciones medievales que se recuerdan en euskera. "Gaiça çenduan leinztarroc Urruxolako lecayoa, Sendo çenduan odolori biurtu jaçu gaçatua".
Cuentan que el pequeño valle de Araotz, fue poblado por un grupo de bandidos desterrados aquí por el belicoso conde de Oñate, a sabiendas de que este castigo era peor que la mismísima pena de muerte a la que habían sido condenados.
El caserío Agerre con la fachada presidida por el busto del general Elorza, militar y pionero metalúrgico que nació en esta casa. Pero el caserío es más famoso porque desde los años 50 se dice que aquí también nació el feroz Lope de Agirre, el conquistador que buscaba el mítico El Dorado. Agirre se amotinó contra el rey Felipe II, y mató a su propia hija y a 70 de sus hombres, antes de ser descuartizado en la selva de Venezuela.
La iglesia de Araotz es como una pequeña catedral de madera, con las columnas y bóvedas talladas en roble. Esta es una de las más antiguas y ambiciosas iglesias de este tipo levantadas en la comarca, y una rareza que existe en muy pocos lugares del mundo.
Caseríos de Ugaran: Bajo un cobertizo que cobija a las gallinas picasuelos, se protege de la lluvia el viejo perratoki, el potro de herrar, víctima del óxido y la carcoma. No queda ya por estos valles ningún buen herrador que conozca el oficio, ni tampoco le traen bueyes o caballerías a las que calzar.
El pequeño embalse de Jaturabe, permitió hace casi un siglo, dar fuerza a las primeras industrias guipuzcoanas del hierro. Un larguísimo canal fue tallado en la roca viva de estas escarpadas laderas para llevar el agua a la central eléctrica de Olate que todavía mueve diariamente sus turbinas.
La ermita de Sadaili es semirrupestre, es decir, se aprovechó parte de la cueva natural del acantilado para construir la capilla. En esta gruta se cultivan aún antiguas creencias de origen precristiano que atribuyen al agua el poder de otorgar la fertilidad. Las mágicas goteras de las estalactitas de la cueva llenan un pilón de piedra al que las mujeres estériles iban a sumergir sus genitales para lograr la fecundidad. En la parte superior de este pórtico natural encontramos la ermita en sí con una pequeña imagen de San Elías tras la verja.
Las paredes de Araotz son un santuario mundial de la escalada llevada a sus límites máximos de dificultad. A estas paredes calizas acuden una y otra vez algunos de los mejores escaladores del planeta. Este es uno de los lugares favoritos del campeón mundial, el eibarrés Patxi Usobiaga.
La lazkaotarra Josune Bereziartu, la mejor escaladora del planeta también le tiene un cariño especial a la roca de Araotz. Y es que aquí, con la fuerza de sus dedos como única herramienta para vencer a la verticalidad de las paredes encuentra una variedad infinita de caminos hacia el cielo.
Soraluze ostatua nos acoge en las proximidades de Oñate, muy cerca del caserío Baltzategi del que era originario el pastor que encontró la imagen de la virgen en Arantzazu hace más de cinco siglos.
Aquí nos aguardan los manjares del siglo XXI y también las comodidades de nuestra centuria porque los peregrinos de hoy en día son menos sufridos que los de antaño.
En este lugar podemos imaginarnos ser el mismísimo conde de Oñate, con todos sus dominios a la vista, con sólo asomarnos a la terraza.
En la venta de Arrikrutz, dice la tradición, que paró la virgen a descansar en su peregrinación a Arantzazu. Por eso se colocó aquí una hornacina de piedra. Nadie sabe hace cuántos siglos, aunque algunos dicen que al menos son cuatro.
Santuario de Arantzazu; Impresionados por los cuerpos abiertos de los 14 apóstoles de piedra de Oteiza descendemos a la caverna telúrica de Arantzazu, cruzando el umbral más allá de sus puertas de bronce.
Saenz de Oiza, Oteiza, Txillida, Basterretxea, Laorga, Muñoz, Eulate, Egaña...los artistas más rebeldes e innovadores del momento iniciaron en 1959 la primera obra de arquitectura moderna de Euskal Herria, un monumento de símbolos al borde de estos escarpados barrancos que es una prolongación de la roca misma. Arantzazu es la fuerza hecha arquitectura.