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22 de noviembre de 2008 | 16:45:32
Aralar, la montaña mágica
Mapa de la ruta

Mapa de la ruta

El santuario de San Miguel de Aralar domina un paisaje de abruptas montañas, horadado por un sinfín de misteriosas cuevas y surcado por ríos que desaparecen bajo tierra sin dejar rastro o que surgen de cavidades espectaculares.

Lekunberri es el punto de partida de nuestra ruta. Situada junto al río Larraun la olla apacible de Lekunberri ha tenido que ser reconstruida varias veces, después de haber sido arrasada por varios ejércitos. Sin embargo aquí todavía encontramos caserones magníficos. En Lekunberri se levantan algunos de los más bellos caseríos de la montaña navarra porque Lekunberri es un pueblo de montaña situado a casi 600 metros de altitud, entre bosques y montañas en el corazón de los puertos que separan Navarra y Gipuzkoa.

Abandonamos Lekunberri en dirección a Iribas para descubrir desde ahí un espectacular nacedero fluvial.

Iribas se alza desde una loma con sus preciosos caseríos apretados unos contra otros. Los caseríos de esta zona son enormes porque en cada casa hay dos viviendas, una para la familia y otra para el ganado. Son pueblos ganaderos y aquí las vacas duermen en casa durante el invierno. En un extremo del pueblo se levanta la iglesia de San Juan Bautista que, desde el siglo XIII protege a los vecinos con su espigada silueta.

Muy cerca de donde se levanta la iglesia arranca un camino que desciende buscando el agua. Esta pista nos lleva sin pérdida posible hasta encontrarnos con el cauce del río Larraun.

Caminando unos pocos metros río arriba descubrimos donde nace, supuestamente, el Larraun. Rodeado de musgo el arroyo brota de las entrañas de la tierra deslizándose suavemente entre las rocas.

El río Larraun esconde varios secretos. Encima del nacedero, un camino nos conduce hasta el que fue el antiguo cauce del río, antes de que éste desapareciera bajo tierra hace miles de años. Por este cañón bajaba el agua del río pero un buen día el terreno se hundió, el arroyo desapareció y dejó abiertas las fauces de la sima de Lezegalde. El río Larraun aparece y desaparece y por eso se le llama el Guadiana vasco.

El gran sumidero de Lezegalde esconde en su interior un cristalino lago de 30 metros de profundidad.

Queremos encontrar el que es el verdadero nacedero del Larraun y por eso desde la sima de Lezegalde cogemos una pista de tierra que entre viejos castaños va ascendiendo suave pero continuamente hasta alcanzar otro cauce fluvial. Es el mismo río Larraun que hemos visto desaparece en la sima de Lezegalde pero, curiosamente, en este tramo alto, recibe el nombre de río Ertzilla.

Prácticamente paralelo al arroyo discurre un estrecho sendero que nos llevará hasta un lugar espectacular, el sitio en el que las aguas del río Larraun, aquí llamado Ertzilla, surgen de la roca cómo por arte de magia.

Este lugar, en el que muere el camino, es el llamado nacedero de Aitzarreta. Lo primero con lo que nos topamos son las ruinas de un viejo molino, el molino de Ertzilla.

Al pie de una pared vertical de 40 metros de altura nace el río que luego desaparece en la sima de Lezegalde y que vuelve a aparecer cerca de Iribas. Aquí nace de improviso por una roca caliza, que arroja una media de 1000 litros de agua por segundo.

Por aquí sale el agua de la lluvia que se filtra por los miles de agujeros de este queso Gruyere que es la sierra de Aralar, un auténtico laberinto de cavidades subterráneas.

Desde el nacedero de Aitzarreta atravesando bosques y dólmenes milenarios vamos a alcanzar el menhir de Roldán, en el secreto valle de Ata.

La muralla rocosa de Aitzarreta es infranqueable pero un camino ancestral nos permite rodearla ascendiendo por praderas casi verticales. Una vez que atravesemos estas campas verticales, entraremos en un territorio complicado. Se puede decir que caótico.

Por encima de los prados de Aitzarreta, discurre un camino que enseguida adquiere el aspecto de un laberinto cárstico. Encontramos una borda, conocida como borda de Juanene, nos marca el punto en el que tenemos que girar a la derecha en el camino. A partir de la borda de Juanene un denso bosque de hayas nos cobijará durante gran parte de la ruta.

Si la climatología no es buena, en este bosque es fácil perderse por eso los montañeros forman hitos de piedras amontonadas, para señalar el camino a seguir.

Esta es una ruta milenaria, y en nuestro camino vamos a descubrir varios dólmenes que desde hace 4000 años marcan el itinerario de los pastores neolíticos.

Desde este túmulo funerario el camino asciende sin descanso aunque sin grandes desniveles. Las rocas cársticas van aflorando cada vez más dando un aspecto aún más laberíntico al paisaje.

El collado de Burdingurutze, a 1000 metros de altitud es el punto más alto de este tramo de la ruta. Desde el collado de Burdingurutze iniciamos el descenso hacia el valle escondido de Ata, caminando por un paisaje roto con las rocas calizas modeladas por el agua durante millones de años.

En la sierra de Aralar se encuentran un centenar de monumentos megalíticos, el mayor conjunto de toda Euskal Herria. Éste que ahora nos sale al paso es el dolmen de Zineko Gurutze. Familias enteras de pastores enterraron a sus muertos en estos parajes protegidos por el frondoso bosque de hayas.

Seguimos el camino en busca de los pastos secretos de aquellos pastores del neolítico. El descenso desde el collado de Burdingurutze termina en un valle estrecho y alargado, escondido a las miradas y visitas no deseadas, el valle de Ata.

Al llegar a este valle con forma de "V" perfecta giramos a la izquierda porque a pocas decenas de metros encontramos clavada en la tierra una piedra legendaria; el menhir de Roldán.

Desde el valle de Ata comenzamos la ascensión final al santuario de San Miguel, bordeando una colina que esconde aún más secretos.

Salimos del valle de Ata por donde hemos entrado, volviendo sobre nuestros pasos, y de nuevo en el bosque tomamos como referencia este pequeño arroyo. Seguimos su cauce y vadeamos el riachuelo por este paso. Desde el arroyo un sendero nos conduce hacia el oeste en dirección a San Miguel de Aralar entre hayas centenarias.

En este enorme hayedo todavía encontramos el privilegio de poder sentirnos solos.

Continuamos ascendiendo en dirección oeste y, a unos 1100 metros de altura, la nieve hace acto de presencia. Siguiendo las marcas blancas y amarillas pintadas en las rocas y en los árboles llegamos a un paso tallado en la piedra. Un portillo abierto en la roca por las pisadas de hombres y rebaños durante milenios.

Atravesamos esta puerta ascentral como si fuéramos pastores o baserritarras de las poblaciones cercanas, en su viaje hacia el santuario de Aralar. Al cruzar este portillo también cambiamos de vertiente. Dejamos atrás la ladera norte de Aralar para seguir nuestra ruta por la vertiente sur.

Desde aquí ya se divisa todo el valle del Arakil a nuestros pies. El cordal de esta ladera, siempre en dirección oeste, nos llevará hasta el santuario, pero en mitad del camino encontraremos un curioso montón de piedras. Conviene que nosotros también carguemos con una piedra en nuestra ascensión y la dejemos en el montón.

Desde aquí, el camino hacia el santuario, discurre al borde del precipicio. Esta calzada tallada en la roca caliza de la ladera del monte Artzueta, nos conducirá al pie mismo del santuario. La barranca, el valle formado por el río Arakil, cada vez está más cerca. Y avanzando unos centenares de metros por este camino rocoso, el santuario de San Miguel de Aralar ya queda a la vista.

La proximidad del santuario nos da alas. A 1200 metros de altura, la nieve es habitual en la cima de Aralar. Lo primero que encontramos al llegar al alto es la ermita de la Trinidad. En medio del pastizal a modo de refugio primitivo abierto cómo un pequeño y acogedor santuario en medio de la montaña.

Desde la colina en la que se levanta San Miguel de Aralar la vista sobre la barranca es espectacular. El monte Beriain prolonga su proa por el fondo del valle, y a pocos metros de la ermita de la Trinidad, se erige por fin, el santuario de San Miguel de Aralar.

El profundo pórtico nos conduce hasta la verdadera puerta del santuario. Lo primero con lo que nos topamos al entrar en el templo, es una pequeña capilla.

Fuera de la capilla, avanzamos por la nave del santuario, que, desde el siglo XII se convirtió en lugar de peregrinación para todos los navarros, incluidos los monarcas del antiguo reino.

En el centro de la nave está la capilla en la que acabamos de estar y en el altar del santuario encontramos el famoso retablo de esmaltes, del siglo XII y considerado el retablo de esmaltes medievales más importante de Europa.

Abandonamos el santuario, y acabada la peregrinación, como marca la tradición, lo mejor es reponer fuerzas. Baraibar es un lugar tradicional de parada y fonda para los peregrinos de Aralar. Nuestro destino gastronómico está a 100 metros de la iglesia de San Juan Bautista de Baraibar. Nos dirigimos al asador Galarza III, ubicado en un precioso caserío de siglo XVII.

Aquí termina nuestra ruta de hoy, unos 15 kilómetros desde Lekunberri hasta San Miguel de Aralar descubriendo nacederos de ríos espectaculares, dólmenes milenarios y valles secretos. Una preciosa ruta que nos lleva hasta el corazón de Aralar, la montaña mágica.

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